Últimamente me sucede que veo las cosas bastante negras. Estoy muy negativo y eso repercute en cada movimiento que hago. Estoy tenso como cuerda de violín.
Ayer, tras ver el magnífico concierto de Vetusta Morla en Rivas se montó la marimorena para salir del recinto, de modo que se formó una cola curiosa en la salida del descampado que hacía las veces de parking. Era larga como un día sin pan. Tanto, que apagaba el motor entre avance y avance.
En un momento dado se acoplaron una tipa a mi lado queriéndose colar. Estaba hasta la polla, y no quería discutir, así que la dejé pasar. El gesto le molestó a mi agotada pareja.
‘No vamos a salir nunca de aquí‘- me espetó.
¡Había intentado evitar la discusión, y de pronto la tengo a mi lado saliendo de la boca que tantas veces he besado! Rayos, eso me cabreó. Por supuesto al ratín de estar parados apareció una lista que quería colarse.
Y no la dejé.
Metía el morro, y yo también.
Nuestros parachoques parecían una par de labios en un anuncio de perfume, acercándose cada vez mas hacia un irremediable beso que llega con pasmosa parsimonia. Miré hacia el coche. Ella estaba riéndose, evitando mirarme a la cara. Algo la estaba avergonzando. Sus compañeros gesticulaban (probáblemente insultando), así que bajé la ventanilla, a ver si era a mi madre, a mi abuela, o a mi familia entera a la que mencionaban.
- ¿No nos vas a dejar pasar?
- No, lo siento.
- Te advierto que el coche es de empresa…
- ¿Qué?
- Que el coche es de empresa…
- ¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a dar?
Y subí la ventanilla, farfullando insultos, porque mi preciosidad me recordó que ya me habían roto un dedo en una pelea, derrotado.
¡Qué mal rollo!
¡Qué cabreo más tonto!
Salimos, encabronados los dos porque yo en el fondo la culpaba a ella de la ‘bronca’ y ella porque era tardísimo y quería dormir. Y me sentí un mierdero egoísta. Joder, con el cabreo vital que tenía antes del concierto, y encima este estúpido mal rollo por lo cabezota y egoísta que soy.
En la cama, recopilando mi mal rollo emocional permanente de la última semana, me dí cuenta de que el karma me estaba jugando una mala pasada. Si te encabronas, lo mínimo que salga mal te encabronará aún más, y más cosas te saldrán mal y la vida se transformará en una puta mierda.
Así que esta mañana he besado a mi amor, he sonreído a la repartidora del 20 minutos, he cedido el paso en la M30, y he tratado de ser mejor persona. Y no os lo váis a creer, pero me han llamado dos personas, y me han ofrecido descuentos en sus servicios. El Karma, señores, el Karma…