Crónicas Argentinas IV: Buenos Aires
Buenos Aires es el corazón de Argentina, donde viven la gran mayoría de los argentinos, un centro frenético de coches, motos y autobuses, cuya semejanza con Madrid te hace sentir una especie de nostalgia que desaparece cuando disfrutas de un buen helado de dulce de leche de dos bolas por un cuarto de euro.
Llegamos a eso de las 19h a casa de Nacho, que anda por allí estudiando Cine. No estaba, pero cuando anduvimos unos 100 metros por la acera nos lo encontramos: ‘¡Ché! ¡Doh gachégoh!‘ Abrazos, subimos a su casa, cagamos y nos fuimos a ‘rompernos la boca’. Es decir, a comer carnaza hasta reventar. Qué barato y qué bien se come en argentina, coño. Antes nos enseñó su facultad, muy profesional, y acogedora. se respiraba artisteo…
Al día siguiente le dimos a la visita. Nos paseamos por la plaza de Mayo, vimos la casa Rosada (es rosa, de verdad) la catedral, la plaza de San Martín, con ese mini Big Ben regalado por los ingleses, el gigantesco obelisco, etc… Lo que se llama el microcentro, de absoluto interés turístico. La sensación que tuvimos era de estar en casa, recorriendo sus calles decíamos ‘mira! Esto es clavadito a la castellana, pues esto parece malasaña, pues esto es igual que huertas…’ De especial mención es nuestra visita al congreso, que hicimos solos mi amigo y yo, acompañados de la guía. Nos explicaron el sistema de gobierno de Argentina, y nos mostró los lugares más lujosos y curiosos del imponente edificio. Una visita muy recomendable y edificante.
Al día siguiente fuimos al barrio de Boca, un barrio pobre, pero que es famoso porque sus casas están pintadas de vivos colores primarios. Esto es porque un tal Pedro de Mendoza, un artista de la Boca, cuando obtuvo reconocimiento y pasta, construyó una escuela en el barrio. Pidió la colaboración de los habitantes del barrio para pintarla y cada cual trajo pintura de un color. El resultado gustó mucho, y decidieron pintar el barrio entero de colores, lo que le da una atmósfera de alegría y jolgorio. Hoy en día es un barrio pobre, con una calle turística a la que los guiris acceden en micro bus, se bajan, fotografían, y se van pitando tras comprar algo de cuero.
Después visitamos Puerto Madero, un barrio bien que ha crecido en la costanera sur de Buenos Aires alrededor de unos cuantos diques, por el que pasean barquitas a remos y en los que atracan unos estupendos barquitos veleros. Allí entramos en un barco velero retirado del servicio militar, precioso. Luego nos acercamos a la Avenida 9 de Julio, una de las más anchas del mundo. (Unos 120 metros) Se tarda unos cinco minutos en cruzarla, si se te dan bien los semáforos.
Al día siguiente visitamos el famosísimo cementerio de la recoleta, donde reposan los restos de los personajes más notables de la historia de Argentina. un cementerio bastante bonito, en el que pudimos ver el mausoleo donde está enterrada Evita Perón, personaje que levanta odios y pasiones entre los argentinos. Después nos dimos un bonito paseo por los jardines del Palermos chico, viendo la imponente facultad de derecho, el museo de bellas artes, la mastodóntica biblioteca Nacional… Hasta que llegamos al maravilloso jardín Japonés cerca del planetario. Si vais a Buenos Aires, no dejéis de visitarlo, por dios! Muy bello. Seguimos la caminata, y nos acercamos (todo atravesando el Parque de Palermo, con jardines muy bien cuidados) hasta el hipódromo. Curioso acercarse hasta la pista. Por la noche nos fuimos de copas por buenos aires. Yo creo que ha sido el pedo a base de copazos de Bombay Saphire más barato que me he pillado… ¡Y qué bellezas las argentinas!
Al día siguiente mi compañero regresaba a Madrid, de modo que nos pasamos la mañana de compritas, y yo me quedé solo solito en la Gran Buenos Aires, puesto que nuestro anfitrión no tenía mucho tiempo para dedicarnos. Dediqué esos días a recorrer los rincones curiosos y alejados de Buenos Aires, visitar los museos con tranquilidad, y descansar, que los últimos días habían sido de morir de un tirón en el gemelo.
También aproveché para visitar el Tigre, un lujoso suburbio de Buenos Aires, situado justo en el delta del río de la plata, creo. Es un lugar curioso, en el que un coche sirve de poco, puesto que las ‘calles’ son canales de agua, tal y como ocurre en Venecia. Lo que pasa que las casas en vez de edificios eran chaletazos con jardín enorme. Mucha pasta había por allí.
Otra de las excursiones que me ‘regalé’ en esos días de soledad fue la visita a ‘Colonia’, un pueblecito situado a 40 kilómetros por agua en Uruguay. Históricamente había sido la ‘rival’ de Buenos Aires, pero ahora no es más que un pueblecito anclado en la época colonial de lo más mono.
Bueno, y con ésto creo que voy a dar por terminadas mis crónicas Argentinas. En esta semana, espero, actualizaré los post con fotos magníficas que sacamos de los lugares que menciono. Espero ser más activo en este blog a partir de entonces.
