Clases Poéticas. Técnica poética II
Hace siglos que os debía esta entrada, y es que es muy fácil coger el trabajo de los demás y ponerlo de vuelta y media sin hacer un ejercicio de autocrítica. Pues bien, el valiente Danilac se expone hoy ante vosotros y muestra todos sus fallos a sus queridos lectores, a la par que extrapola reglas a aplicar mientras se revisa un poema.
El poema que leí en la clase de técnica impartida por Enrique Gracia y enfrenté a una decena de poetas para que lo pusieran a caldo es el siguiente. Lo elegí porque es el lado tierno de Danilac, ese que os gusta tanto.
Déjame ser el primero de tus versos
para mirarme en ellos
como en un espejo.
Aunque me excomulgues
siempre me arropas
y acurrucadito entre tus tripas
ronco de a poquito
arrullado por tus latidos.
¡Qué calor! Qué calorcito tan rico.
Déjame que me quede dentro.
Déjame ser el primero
y el último de tus versos.
Bien, en primer lugar los poetas dijeron eso de ‘qué boniiito‘ (así, alargando la ‘i’). Pero luego empezaron los comentarios.
A saber:
- Versos 6, 7, 9: acurrucadito, poquito, calorcito… ¡Ñiñiñiñiñito! Demasiados diminutivos hacen cacofonía. Puede que me dejase llevar por la ternura aquí. Hay que eliminar alguno de ellos. Se acuerda (Es curioso, pero las sugerencias se acordaban entre todos. Como si la poesía fuera una cuestión democrática) que hay que cambiar ‘acurrucadito‘ por ‘acurrucado‘.
- verso 9: ¡Qué calor! Qué calorcito… ¡REPETIMOS! Sobra el ‘Qué calor‘ inicial.
- Verso 10:DéjaME que ME quede dentro: INCORRECCIÓN GRAMATICAL. Un verso puede permitirse el lujo de no ser extrictamente correcto con un objetivo comunicativo. Pero éste no es el caso. Para no repetir la estructura del verso 11, empezando por ‘Déjame…’, dejamos el verso 10 como sigue: ‘Deja que me quede dentro‘.
Comentando las bondades y maldades de este poema, Enrique Gracia comentó que se trataba de un Madrigal. A mí esto me dejó muy inquieto. Así que pregunté que qué era un Madrigal:
Semejante a la silva, combina libremente heptasílabos y endecasílabos, con frecuencia se apoya en estrofas de tres y seis versos y termina con rimas pareadas consonantes. Suele oscilar entre 8 y 12 versos, pero puede tener más. Trata frecuentemente temas amorosos. En la actualidad se componen madrigales con mayor proporción de versos libres sueltos que rimados e incluso rimados en asonante.
No te acostarás sin haber aprendido algo nuevo cada día.
Si aplicamos todos los consejos, el poema queda como sigue:
Déjame ser el primero de tus versos
para mirarme en ellos
como en un espejo.
Aunque me excomulgues
siempre me arropas
y acurrucado entre tus tripas
ronco de a poquito
arrullado por tus latidos.
¡Qué calor tan rico!
Deja que me quede dentro.
Déjame ser el primero
y el último de tus versos.
Si tenéis alguna otra sugerencia (aparte de que me retire del mundo de la escritura, y si es posible del mundo a secas) escribidla en los comentarios. ¡Gracias!

