En el camino de un ciego
El otro día aparqué la moto en la acera -como hago de costumbre desde que me rompieron un dedo por gritarle a un energúmeno que había aparcado en doble fila y no me dejaba salir- y me puse a esperar a mi amada amante. La moto no estorbaba especialmente, y además estaba montado en ella. Si molestaba a alguien, la quitaría ipso facto. Eran cerca de las diez de la noche, y a mi me estaba entrando la modorra después de un día largo. Medio adormilado me acomodé sobre el depósito, y cerré los ojos. Cuando estaba a puntito de caer en los brazos de Morfeo, noté un golpe por detrás de la moto.
- ¡Uy! ¡Ay! Pero… Joder, hay que ser cabrón. ¿Cómo…?
En mi cerebro (o lo que quedaba de mi conciencia) se formó la idea de que un colega me había visto, y me estaba gastando una broma. La típica broma de darle una colleja, o doblarle las rodillas o asustarle o algo así. Pero la voz me resultaba totalmente desconocida. El tipo volvió a golpearse fuertemente con los estribos traseros
- ¡Pero bueno! Hay que ser… Mira que…
A mí me dió tiempo a articular un ‘¿pero qué pasa?‘ porque estaba claro que no era un colega bromista. Recién despertado como estaba, no lograba comprender lo que pasaba. Al tiempo me giré. Allí había un invidente con bastón y todo, con cara de haberse transferido a otro universo mucho más incómodo que este. Estaba claro que no tenía conciencia de que yo estaba allí, y mi ¿qué passssa? le sacó de su error.
-¡Pero bueno! ¡No puedes dejar la moto en medio de la acera! ¡Qué golpe me he dado!
Musité un ‘lo siento…‘entre confuso y ofendido por intentar (en vano) mantener mi escuálida parcela de razón y de involuntariedad (¿existe esa palabra? Supongo que ahora que la he escrito sí) del acto de aparcar la moto allí.
El ciego se largó de allí, hablando en voz alta de lo bastardo que era.
Desde entonces, aparco la moto cerca de ‘mobiliario urbano’ para que los invidentes paseantes habituales tengan claro que ahí hay algo contra lo que se chocan, y vayan más alerta con sus bastones. Hago público mi arrepentimiento. ¡Lo siento! Procuraré no repetirlo (adrede).

Haberle roto un dedo hombreya….
La verdad es que entiendo como debió sentirse, yo cada vez soy más carca con los coches aparcados en los pasos de cebra y esas cosas. Arrepiéntete pecador!
Comment by Pigmalión — May 7, 2009 @ 10:46 am
Pigmalión: Yo también. De hecho, estoy pensando en llevarme un punzón raya-coches para tomarme la justicia por mi mano. Aunque no creo que me atreva a hacerlo nunca. :-S
Comment by Danilac — May 7, 2009 @ 1:58 pm