Aula de las metáforas.
Lo que son las cosas. A riesgo de llevarme una monumental bronca italiana por contar intimidades contaré cómo he llegado a conocer lo que se llama el Aula de las metáforas.
Esta historia comienza justo en medio de una tarde de domingo besi-siesteando con mi amada. Estábamos tan a gusto, juguetones, adormilados, arrullados en esa felicidad de extrema calma que dan las reconciliaciones, cuando decidí sacar el libro de poesía que mi novia llevaba en el bolso para leerle unos versos. Así de romántico es Danilac, nenas.
El libro en cuestión es Su nombre era el de todas las mujeres, de Luis Alberto de Cuenca. Una antología de amor con un lenguaje sencillo pero una sutileza del momento, una delicadeza del detalle, una precisión de cirujano robot que no deja un suspiro entre poema y poema, pues cuando has terminado uno quieres empezar con el siguiente.
Y allí estábamos, desgranándonos en los versos de este perfecto desconocido que se me antojaba joven, fresco, de pelo corto y vestimenta desenfadada, cuando mi amada amante me dice que en su blog le ha comentado un tal Rodri que el autor iba a asistir a un acto poético el lunes por la tarde. ¡ENVÍAMELO -la apremié- Y SI PUEDO VOY Y CONSIGO QUE TE DEDIQUE EL LIBRO!
Y allí que me he plantado, con las telas para hacer los trajes de la obra que estamos montando, y el libro del mio amore.
El acto en cuestión era la entrega oficial del premio del Aula de las metáforas de Grado al programa La estación Azul de Radio Nacional de España, por su contínuo apoyo a la poesía, y su trabajo de difusión durante los 8 años que lleva en antena el programa. (Debe ser que a RNE le importa un bledo la dictadura de las audiencias y el borreguismo general)

Allí me he enterado de que hay que saber quién es Fernando Beltrán, Antonio Gamoneda, Leopoldo Sánchez Torre, y Luis Alberto de Cuenca, los jurados que han otorgado el premio.
Luis Alberto de Cuenca ha empezado el acto con un emotivo discurso a la altura de su obra. Me sorprendió descubrir un señor que peina ya sus canas, derrumbando mi imagen de jovenzuelo poeta. Ay, qué eternas son las palabras. Y tan encajado estaba en mi silla que no me ha dado tiempo a levantarme y gritar eso de ‘¡HAZME TUYO! O al menos dedícale este libro a mi novia, por favor‘
Con el discurso de Leopoldo Sánchez Torre he sabido que el Aula de las Metáforas es una biblioteca especializada en poesía que se encuentra en Grado, cerca de Oviedo, en Santander, y que se creó en febrero de 2004 gracias a la donación de unos 1600 libros de Fernando Beltrán. Ahora creo que tienen más de 2000 mil libros a disposición de la gente.
El premio en cuestión se lo darán a organizaciones que fomenten la poesía, y aunque no va dotado de ninguna cantidad en metálico, pretenden hacer de este premio un acicate a las actividades de las organizaciones premiadas.
Después la Concejal de educación y cultura del ayuntamiento de Grado, Victoria Fernández, ha empañado el acto con su torpe torpísima forma de leer, y un discurso tan simple como las disquisiciones de Rambo. Me ha dado pena que la políticoanalfabeta de turno haya estropeado la gloria del momento con una lectura tan tropezada como la que podría hacer un niño que está aprendiendo a leer. Qué tristeza ver el genio de todos esos maestros de la palabra encadenados por la pobreza de espíritu de la concejala.
Pero allí ha aparecido el Maestro Fernando Beltrán, con un discurso tan certero como un no. Inspirado, ha recordado la historia del Aula de las metáforas con un discurso plagado de las más bellas imágenes, y sorprendentemente certeras. Metáforas que nos han hecho comprender la necesidad de esta biblioteca, de estos espacios, de estas formas de vida.
Digna de mención ha sido también la maravillosa escultura creada por Pep Carrió, de la que no he sido capaz de encontrar una imagen en la red de redes. Pensaba que iba a tener más repercusión mediática en internet. La escultura es una escalera de mano, pero que uno de los palos es en realidad un árbol. Una escalera que crece, que se eleva hacia la sublimación, un árbol que cede su madera para la creación, para la ascesión. Me ha parecido sublime.

