5 de enero: El suelto regreso
Mentiría si dijera que aproveché y disfruté mi último día en Israel. El día amaneció a mi pesar a las seis de la mañana con un retortijón que amenazó con la integridad de mis calzoncillos, mi pijama rojo horroroso, y las sábanas de la cama.
Efectivamente, mi sistema digestivo decidió deshacerse de mi, y comencé a disolverme con la mierda ingerida en forma de falafeles y carne especiada. Aunque creo que la causa no fue la comida, sino el frío. A estos bárbaros dueños de hoteles que viven en el desierto no sienten la necesidad de instalar calefacciones, a pesar de que en invierno hace un frío que pela. La resaca no ayudaba, y pasé una mañana de mierda (literal) de la ducha al water y viceversa. Entre medias hice como pude mi maleta (¡pobre traje!) y traté de dormir un poco. Pero no pude. ¿He comentado ya que esos bárbaros dueños de hoteles sin calefacción tampoco le ven la utilidad a una persiana o unas cortinas gruesas?
Ya en la calle me dirigí a una farmacia, y me dieron un bendito paquete de Imodium (treatment of acute Diarrhea,así, con mayúscula), lo que me alargó mi autonomía de 10 minutos a una hora. En sucesivas tomas la cosa se controló totalmente, pero me encontraba fatal. Maldiciendo al inventor del teletransporte por no haberlo inventado en mi época, llegué al aeropuerto a eso de la una para coger un vuelo a las cinco. Y es que la seguridad del aeropuerto de Ben Gurion ralla ya la paranoia.
Pasamos por cuatro controles en total, y restregaron todo el equipaje con una gasa en busca de explosivos. Y cuando digo todo, es todo. Es decir, abrieron las maletas y pasearon la gasa por toda la cerda ropa que llevaba en mi maleta. No sé cómo no me detuvieron por llevar armas biológicas, la verdad.
El vuelo se me hizo muy ameno, entre partidas de PSP de patapúm, y los capítulos finales de Los renglones torcidos de Dios, que me dejó el culo torcío de lo bueno que es. Me parece una obra que comprende a los personajes y sus enfermedades mentales, un mundo que me apasiona, y por el que me he llegado a enamorar. Estúpidamente enamorado. Igual, si un día me veo estancado en la inactividad de una parálisis física, me curro la carrera de psicología, que tiene que ser bien fácil.
Con este capítulo cierro la categoría de la boda supersemita. Les deseo públicamente al la pareja toda la felicidad del mundo, y el amor eterno. Si alguien se lo merece, sois vosotros.
Actualizaré los post con fotos, y os avisaré para que las echéis un vistazo.

Danilac, he decidido cerrar mi blog pero si vuelvo a abrir uno te avisaré de manera privada. Bromas y celofanismos aparte, ha sido un verdadero placer conocerte y me pesa perder el medio de contacto contigo. Muchos quisieran tener lectores como tú.
Ahí te dejo un postrero “¿has visto?”.
Iebarejeja -
Con cariño,
Tu Celofán.
Comment by Madame Celofán — January 24, 2009 @ 1:09 pm
Madame Celofán: Qué mierda más grande. ¿Lebarejejá? Dios no existe si permite tales males como tu desaparición de la blogosfera. Un día de estos me tienes que contar qué ha pasado.
Mucha suerte.
Comment by Danilac — January 25, 2009 @ 4:13 am
Vaya mala suerte, yo que iba a ver el blog de Madame Celofán, que parecía una tipa interesante.
Por lo demás, ¡gracias por el relato! Tan interesante como siempre y sin recurrir al tocho descontrolado. A ver si aprendo.
Comment by Yorch — January 27, 2009 @ 6:49 pm
Yorch: Un día te cuento lo que sé de Madame Celofán. Es todo un culebrón.
Comment by Danilac — January 28, 2009 @ 9:52 am