Estoy volviendo a mi fea costumbre de actualizar sólamente una vez por semana y de forma poco inspirada. Vamos (mejor voy) a intentar retractarnos (me) a la par que os cuento las noticias sobre mi sufrimiento en vida en forma de rotura espiroidal del dedo índice de mi mano izquierda.
Ayer volví a visitar al médico forense, que se supone que hace un informe que lee el juez sobre mis lesiones. Esta vez era un médico diferente, y le tuve que recordar todo mi calvario rápidamente, para acabar diciendo que sigo haciendo rehabilitación, y que sigo de baja.
En cuanto a los juzgados de plaza de Castilla, tengo que decir que he visto un lugar tan negativamente cargado. Allí no sonríe nadie, todo el mundo está a la espera de algún proceso con la justicia, y os aseguro que no es un plato de buen gusto. Y se respira en cada rincón el olor rancio de toneladas de trabajo, de funcionarios sobrepasados por sus tareas, tratando de automatizar, clasificar, ordenar, y plagar de informes hechos cotidianos que transformaron o transformarán las vidas de los implicados.
A la salida, procuro siempre sonreír, que es un arma eficacísima contra la negatividad. Tras respirar hondo un par de veces, llamé a mi abogado (me encanta la expresión mi abogado. Me gustaría aún más si costara tantísima pasta) para contarle lo sucedido con el médico forense. Y ya de paso le pregunté qué es lo que me recomendaba acerca de volver a trabajar. Como todo el mundo, me dijo que eso lo debía decidir mi médico de la seguridad social. Le recordé que mi médico de la seguridad social es más funcionaria que doctora, y que realmente le da igual lo que haga o deje de hacer. Lo que sienta o deje de sentir. Entonces se mojó, y me dijo que me convenía seguir de baja, puesto que por cada día de baja ¡la indemnización en casos de agresión es de 40 eurazos! Ç(teniendo en cuenta que llevo unos 120 días, eso hace ¡¡¡5200 €!!!)
Es un buen pico que no pienso despreciar, aunque tampoco voy a alargar la baja más allá de lo necesario. Mientras tenga rehabilitación, y dolor en el dedo, me temo que seguiré de baja. Mi padre teme que una baja tan prolongada me proporcione un bonito despido. La verdad, la indemnización también me vendría de perlas, y no creo que me costase mucho tiempo encontrar un nuevo trabajo. No caerá esa breva. Todo depende de mi reunión el jueves con mi médico rehabilitadora, en la que me dirán si sigo con las sesiones. El aspecto de mi dedo apunta a que así será.