El energúmeno
Os preguntaréis por qué no he actualizado sin haberme despedido previamente. Los tiempos de tristeza llegan al final danilactiano. El martes 15 tenía programada una reunión de seguimiento en Timofónica en la que pensaba aprovechar para renunciar al soporte y poner al día a mis jefes sobre los avances que había realizado durante la semana como perro fiel que soy. Salí a la 11h30′ de mi curro, para ir con tiempo para tomarme un café con los colegas. Pero al ir a coger mi moto, me encuentro un Ibiza rojo aparcado delante de mi moto impidiéndome salir. Me cago en su puta madre - pensé.
Pité a lo largo de unos 20 minutos. Nadie salía… Hasta que de repente dos gordos macarras hasta para respirar salen tranquilamente del VIPS. En aquel momento estaba ya bastante alterado, de modo que en vez de simplemente reprocharle le grité: ‘Tronco, ya está bien, ¡llevo 20 minutos pitando!‘
El hijoputa va y me responde en tono claramente burlón ‘¡Ah!, ¿que no la puedes sacar?‘. Me hubiera gustado contestarle lo de ‘en público me da vergüenza‘, pero en realidad le dije ‘no, si te parece la saco volando, no te jode…‘
¡Oh! Gran agravio. El sarcasmo es algo que su cerebro no es capaz de asimilar, y saca su ‘honor’ al campo de juego: ‘Eh, eh, las cosas me las dices con respeto…‘
¿Qué cojones esté pasando? ¿qué me viene este tipo con el respeto? Le dí la vuelta a su argumento: ‘El respeto lo tienes que tener tú antes de aparcar aquí y tener el coche desatendido por más de media hora‘. La verdad es que así escrito parece una discusión bastante moderada, pero esto se lo dije gritando. seguimos repitiendo esas mismas frases hasta que nos cansamos. el se fué a meter en el coche y le espeté un ‘pringao‘ con todo el desprecio que soy capaz de expresar. Y creédme, soy capaz de expresar un montón de desprecio.
El tipo debía de tener muchos complejos (cosa que sinceramente no me extraña, por lo gordo, feo y enano que era el cabrón) y el insulto le pareció peor que follarme a su madre por el culo, de modo que salió con el pecho (mejor dicho, la barriga) hinchado y comenzó a empujarme: ‘ Eh, sin insultar‘ ladraba el gordi. Empezó a empujarme, y le ví con ganas de hostiarme, de modo que pensé que mejor me ponía el casco y los guantes de la moto. Al menos no me iba a llevar un ojo morado a la reunión. Le dije que me ponía el casco porque no quería que me diera, que veía que quería darme… Seguimos gritándonos y el hecho de que me pusiera el casco le envalentonó, y súbitamente se lanzó a mi cuello, al grito de guerra de ‘¡Me da igual que lleves casco, te puedo ahogar cuando quiera!‘. Intentó quitarme el casco, pero sus flácidos músculos no pudieron
Sí, queridos lectores, este tipo quiso estrangularme porque le llamé ‘pringao’.
Me libré con un empujón de sus gordos dedos y, señalándole amenazadoramente, le dije ‘No me vuelvas a tocar‘. Él, con un movimento que yo creo que tenía entrenado, cogió el dedo, y girándolo hacia adentro, me lo partió. Se oyó claramente un crack! a través de los gruesos guantes de la moto, no quiero ni imaginarme lo que me podría haber hecho con las manos desnudas.
Sin embargo, en ese momento no me dolió. Me miré el dedo retorcido bajo el guante y le dije: ¿Me has roto el dedo? ¡Me has roto el dedo! Y me lancé contra su gorda cara, y le planté los tres puñetazos más brutales que he dado en mi vida, con mis guantes de moto con refuerzos metálicos. En ese momento nos separaron, avisaron a la poli y esperamos allí, docilmente, a que la autoridad tuviera a bien hacer acto de presencia…Mirad, mirad, cómo me dejó el energúmeno.

Otro día sigo contando mi via crucis personal, que con una mano me canso mazo.

