10 de septiembre: Jerusalém
A las 9h30′ suena el despertador. Me ducho. El baño huele a cloaca. Supongo que es el precio que hay que pagar cuando se va a un alojamiento barato. Súpersemita no se quiere levantar. H se seca el pelo mientras Súper termina de ducharse. Y yo espero.
Volvemos a la ciudad vieja. Esta vez, decidimos pasear por el barrio cristiano, y vamos descubriendo los pasos de Jesús por la vía Dolorosa. ¡Cuánto eché de menos la presencia de V. de vale.!
Me enfadó en cierto modo que la tumba de Jesús, el llamado Santo Sepulcro, se hubiera convertido en una especie de atracción. Seguimos recorriendo las calles de Jerusalém, hasta llegar a la puerta de Jaffa, donde comimos bastante bien. (Aunque no recuerde ahora mismo lo que comimos, en mi moleskine pone que comimos bien).
Luego fuimos al Museo del Holocausto, en Yad Vashem. Un museo que ha sido galardonado con el premio Príncipe de Asturias a la concordia este mismo año. Allí se repasa toda la historia del abuso de los nazis a los judíos, y cómo sistematizaron la matanza y el exterminio. La solución final… Salimos de allí sobrecogidos, en silencio.
De vuelta a la ciudad vieja, pasamos por el muro de las lamentaciones a dejar los deseos de mis amigos. Ojalá se cumplan todos.
Decidimos pasar por el barrio musulmán, y después ir a un mirador a ver la vista de Jerusalém. Nos compramos por allí unos pastelitos árabes en una tienda donde tenían colgado un cartel de Hamás, lo que puso bastante nerviosos a mis compañeros de viaje. Como anochecía Súpersemita y H empezaron a temer por su seguridad, y tuvimos una pequeña discusión acerca del tema. Tras demostrarme la aversión de los árabes a los judíos preguntando en hebreo a un transeúnte del barrio musulmán que ni se dignó a contestarla, cogimos un taxi hasta el mirador (en territorio palestino), y la verdad es que mereció la pena, porque la vista era impresionante.
Al volver, H se fue a pasar la noche a casa de una tía suya, y Supersemita y yo tuvimos una cena (Nota para Feng: comí un plato de pasta con salmón) de lo más romántica y llena de confesiones en un restaurante-librería de lo más cool que encontramos por casualidad.

Gracias por mencionar el plato
Espero que por una casual has anotado la dirección de ese sitio, por si algún día iré de viaje a Israel también jeje.
Comment by Feng — October 2, 2007 @ 7:56 am
Feng: Es una pregunta difícil… Estaba en un patio entre edificios por el que se accedía a través de un callejón estrecho que salía a la calle Ben Jehuda, a la izquierda si vienes desde la calle Jaffa.
Comment by Danilac — October 2, 2007 @ 8:35 am