CALAHORRA
Jo, los días pasan volando y digamos que no estoy todo lo prolífico que me gustaría. Lo siento chicos, tengo mi final Danilactiano algo abandonado. A ver si se me pasa la pereza crónica y la escasez de ideas en breve, y os regalo con mis habituales genialidades
Os debo el veredicto CALAHORRA, que no me olvido.
Calahorra no es lo suficientemente grande como para ser considerado una cuidad, ni lo suficientemente pequeño como para ser considerado un pueblo. Y no me refiero a los datos de población, que me la traen floja. Me refiero al carácter del lugar. Cuando estoy allí me siento como si estuviera en el pueblecillo, con sus cotilleos, sus lugares populares, sus historietas de pueblo, etc… Pero tiene unas dimensiones de ciudad, y ciertos aspectos (como las miles de tiendas de ropa) de ciudad.
Pero más que nada me siento como en familia. Mi compañero de universidad y de trabajo, mi amiguete, vamos, que siempre me invita a sus fiestas, me acoge siempre con los brazos abiertos. Tan abiertos, que ya es como si fuese de su propia familia.
Y no es sólo con la familia. Sus amigos hacen que siempre me encuentre a gusto. Son divertidos hasta decir basta. Y lo mismo que con su familia, me acogen siempre llenos de cariño.
Es una gozada ir allí. Nunca me lo he pasado mal. Y si ha habido algún momento desagradable, ya no me acuerdo. Calahorra es la leche. Y más en fiestas. Lo mejor de todo es que entre todos hemos hecho un viaje inolvidable para mi amor, que se sentía como en una novela de Hemingway. Muchas gracias, Calagurritanos.



