De psicomagias
Hoy me siento un poco metafísico, filósofo y come-ollas (así, sin ‘p‘) porque tengo algo que me reconcome mi psique consciente (si fuera la subconsciente no me daría cuenta) y es algo que no puedo publicar así a la primera de cambio, sobre todo teniendo en cuenta los lectores que tengo, que sois unas arpías sin escrúpulos. Que os conozco. No bíblicamente (bueno, a alguna que otra sí) pero os conozco.
De modo que no me vengáis con impertinencias cuando lo que realmente deberías hacer es compadeceros de mí, el pobrecito Dani(lac) (sic) que anda joroña que joroña con pensamientos que harían la picha un lío al Jodorowsky mismo.
Psicomagia, éso es lo que necesito. Una buena dosis de psicomágica con una buena catarsis que me deje fino, fino, sin estos dolores del alma, sin este mal del espíritu. Una buen acto psicomágico que me quite el nudo gordiano que tengo como garganta (atando a la vez a mis queridos huevos junto a la campanilla) y de paso me encamine hacia la curación.
Lo bueno de todo, o lo menos malo, según se mire, es que si uno, es decir yo, se mira a si mismo, es decir, me miro a mi mismo -algo así como yo mi me conmigo- puedo ver una persona (fascinante conclusión, por otro lado) que no está mala, ni del alma, ni del cuerpo. Yo creo que es el karma positivo que me ha llegado por mandato celestial, que se ha desbordado, y me ha dejado súper bien, pero hecho unos zorros. No sé si me entendéis, aunque tampoco es que me importe mucho, la verdad, porque en realidad no estoy diciendo nada no porque no pueda, sino porque tampoco es que me quiera hacer entender. ¿Me entendéis? Yo hago esto por desquitarme un poco los nervios y esta ausencia de karma positivo, este no-karma, este vacío, esta ausencia que me rellena por fuera (ya que el interior creo yo que está intacto) tratando de autoaplicarme el placebo psicomágico y así quedarme más tranqui, tronco, que yo controlo.

