The Melocotons en el Perro
Queridos mios, ayer hice eso que hacen todos los hombres de vez en cuando de dejar a la novia debatiéndose entre cortarse las venas o dejárselas largas, y me fui con una Lois llena de noticias a ver a The Melocotons en el Perro de la parte de atrás del coche.
Lois, en un alarde de generosidad, me regaló nada más y nada menos que 45 minutos esperándola junto a un par de mendigos. ¡Que no, que no tengo suelto! Lo bueno de la amistad es que lo aguanta todo, y la chica me aguantó y todo mientras le enseñaba a Libertad.
Tras ponernos gordos con un salmorejo que aún ahora sigo saboreando (maldito ajo, qué ajco de ajo) nos fuimos al Perro de la parte de atrás del coche, que es un garito malasañero con la gente más guapa y sofisticada de la ciudad.
Bueno, ayer no. Ayer estaba lleno de yogurines de veintipocos años amiguetes (claro) de los melocotones. Qué ricos, los melocotones, la fruta de la pasión, dicen.
Los integrantes del grupo, que no eran frutas, empezaron como una hora más tarde de lo que pone en la maqueta, más o menos. Y comenzó un concierto bueno, muy bueno, con un sonido contundente, pero bien ecualizado. El público, sobrado de ganas de divertirse y de hormonas, se lo pasó muy bien. Hubo saltos, hubo palmas, pogos, copas, humo, y drogas rulando por el sótano que es el Perro. Todo lo que tiene que tener un concierto. Sonaron canciones suyas, y versiones de The Beatles, y demás.
El cantante, con unas eternas gafas de sol en su cara y una actitud un poco repelente de los hermanos Gallagher (Ver Oasis), hizo del concierto una fiesta movida, y divertida. El resto de componentes, me dejaron boquiabierto con la calidad musical que arrancaron de sus instrumentos. Muy bien, sí señor. El bajista (que tiene que ser un cachondo, por la pinta que tiene) tiró algunas púas al público, y adivinad quién consiguió una de ellas…

Pero (esta parte me encanta, porque siempre hay un pero) el cantante sostuvo durante todo el concierto una pandereta que no usó. Si no le vas a dar, no la sostengas, hombre!. Una pena, porque había momentos en las canciones en los que el chiki-.chiki de la pandereta hubiera estado genial. Estaba demasiado entretenido en su papel de Lian súper divo, y claro, no terminaba de cuajar la pandereta…
Y una lástima que el sonido retro que estos chicos llevan a los escenarios no esté de moda. Deberían reinventarse para conseguir un sonido propio, más actualizado, y poder sacar adelante un producto que pegue de verdad, porque desde luego capacidad tienen, y mucha. Les pongo un 8.
EDIT: Los Melocotons han puesto esta misma crítica en su blog.

