El grano versión extendida
Tengo la piel grasa. Podéis pensar que es un eufemismo para evitar decir que estoy gordo, pero no. Lo que quiero decir es que me salen granos a menudo. Grandes. Gigantes. Amarillos. Relucientes. Con personalidad propia.
El más salvaje que jamas tuve fue creciendo en mi nariz durante semanas. Engordando poco a poco. Alimentado de pus. Al principio sólo tenía una cabeza blanca, tensa como la piel de un tambor, pero una mañana descubrí una segunda cabeza.
Con una lupa lo examiné, y vi dos minúsculos puntos negros en el centro del granazo.
‘Como dos ojillos’, pensé acercando mis dedos para reventarlo. Observé con estupor que esos dos ojillos giraban para mirar a mis dedos. Grité y salí corriendo, pero me dí cuenta de que era absurdo correr porque esos ojos pustulentos que miraban con pánico estaban pegados a mi nariz.
Los observé durante horas. Mi grano me devolvía la mirada, desafiante.
Una noche, mientras dormía, un agudo dolor nasal me despertó. Oí una voz que decía ‘Deja de roncar, que no me dejas dormir’. ‘Perdona’ le respondí con la boca pastosa, sin darme cuenta de que estaba solo en aquel cuarto. Cuando por fin me dí cuenta, me levanté sobresaltado.
-¿Quién anda ahí?
-Coooño, qué susto!
No había nadie en la habitación.
-¡Sal de la oscuridad! ¡Da la cara!
-Estoy aquí, pegado a tu nariz…
Corrí hacia el baño. No me lo podía creer, tenía que estar soñando. En mi nariz había un grotesco ser, una cara compuesta de un par de ojos saltones y una boca rodeada de pus líquido.
-¡hola! Dijo sonriendo.
Mis recuerdos de esos momentos son borrosos. creo que fui directo a coger un cuchillo, o algo punzante para quitarme esa abominación de la nariz. ‘Noooo, no hagas eso! Socorro’ gritaba la pústula. Con gesto decidido apoyé la punta de mi cuchillo en la criatura. Oía sus gritos, suplicantes. Disfrutaba con su sufrimiento, con esa boquita repugnante chillando, los ojillos agitados. Un sentimiento sádico surgió de algún recóndito lugar del fondo de mi alma, y decidí prolongar la agonía del ser pegado a mi nariz.
Paseé la punta del cuchillo por sus labios, con la presión justa para no segar esa asquerosa vida de mi nariz.
Él seguía suplicando:
‘No por favor, no sabes lo que estás haciendo! ¡No lo hagas, soy parte de ti! matándome estarías semisuicidándote! Socorro! ¡Que alguien me ayude!’
Sus súplicas eran ridículas. Me dio tanto asco que decidí acabar con él.
‘¡Si me arrancas, tú tambien morirás! Noooooooooo’
Chillaba como un cerdo. Presioné más en su ojo izquierdo. Entonces sentí un latigazo de dolor en mi propio ojo.
‘Ahg!’
‘¿Lo ves? Nuestros sistemas nerviosos están conectados, no puedes hacerme nada si sentir el dolor en tus propias carnes!’
‘¿Qué eres?’ Pregunté angustiado.
‘¿Acaso sabes tú qué eres realmente?’
‘¡Soy un humano!’
‘Mira el genio. ¡Pues yo soy tu grano! Idiota, sabes eso porque te lo han contado, pero en realidad no lo sabes por tí mismo!’
Mi cabeza daba vueltas, No entendía nada. ¿Mi grano estaba filosofando?
‘¿Qué?’
‘No sabes nada de tu propia naturaleza, aparte de que eres. Te suena lo de pienso luego existo? No puedes afirmar mucho más’
‘Joder! ¡Esto es la leche! Tengo un grano horrible que me habla, y me pregunta sobre mi naturaleza! Maldita pústula, te voy a arrancar ahora mismo!’
Arremetí de nuevo con el cuchillo con saña, y la punzada esta vez fue horrorosa. Dejé caer el cuchillo con tan mala suerte que rebotó en el borde del lavabo haciendo una pirueta, y se clavó sobre mi empeine, atravesándome el pie.
Aullé de dolor. Mientras el grano se reía.
‘Jajajaja… ¡Pringao! ¡Yo no tengo pies! A mi no me duele.’
Arranqué el cuchillo del pie, con el cacareo de la risa retumbando en mis oídos.
‘Ah, sí? ¿Con que ésas tenemos, eh? Estaba rabioso como un volcán, fuera de mi. Apoyé la punta del cuchillo esta vez sobre mis propios labios. Y la risa de mi grano se tornó en una mirada de pánico.
‘¿Qué haces, estás loco?’
Serán tus últimas palabras, pensé, y con un gesto rápido y preciso, me abrí el labio inferior en dos. El tumor sangraba por la boca, gritando como un cerdo siendo sacrificado. Con una precisión casi quirúrjica me fui arrancando los labios. Mi cara estaba empapada de sangre, pero podía ver claramente el pus que salía a borbotones de la boca angustiada de mi parásito, y esa imagen me reconfortaba.
‘y ahoah ush ohossss’ dije, con la sonrisa cadavérica y sangrienta que me daba la ausencia de mis labios.
‘ooooooohhh’ trataba de negar sin conseguirlo, pues su boca a esas alturas estaba también ausente.
Introduje la punta del cuchillo por un lateral del ojo, e hice palanca, ignorando sus gritos. Arrancar un ojo no es nada fácil. Doblé la hoja del cuchillo dejándolo inutilizado. De modo que me fui a por unas tijeras. Así haciéndome sitio con otro cuchillo, y cortando poco a poco los nervios, logré arrancar el ojo. Con el que me quedaba miré a mi cada vez más mermado inquilino.
Traté de sonreír, pero no tenía labios.
Me dio tanta rabia que me arranqué el otro ojo. Eso fue todavía peor porque no pude ver el resultado. Ese maldito se había salido con la suya. No podía ni siquiera llorar mi desgracia, así que me desmayé en el pasillo, supongo que ayudado por toda la sangre que había perdido.

mmm… interesante… me recuerda a una peli que vi hace tiempo en la q el tio empieza a quitarse cachos de la cara mientras se mira en el espejo del labavo… que rabia! no me acuerdo q peli era :S
Comment ladrado por ridgarou — February 8, 2007 @ 2:13 pm
POR DIOS RID!!! ¿Cómo no puedes acordarte de la increíble escena de Poltergheist?
Comment ladrado por Danilac — February 8, 2007 @ 2:46 pm