Andiamo al mare?
Ciao chicos.
Desde que he vuelto de ese trocito olvidado de Italia que se llama Sicilia, yo no paro de saludar en italiano. Antes yo decía cosas como agur con yoghurt, stal bolo, manolo, y chao, bacalao (sí, con che ruidosa y española), y ahora me despido de mis colegas con un ‘ciao‘ sibilino y casi mafioso.
Sigo con mi relato del puente.
El sábado por la mañana despertamos tardecillo, y conocí a mis anfitriones, los padres de V. de Victoria. Gente muy maja, y ansiosos por enseñarme su modo de vida, y por hacerme sentir bien, a gusto, y cómodo. Se sorprendieron (y yo también) de que si me hablaban a la cara, y despacito, yo les entendía perfectamente, e incluso les chapurreaba mi italianini inventado. Seguro que se están partiendo de risa ahora mismo por alguna burrada que dije. Después conocí a los abuelos, que vivían justo en el piso de abajo. Sobre la casa os contaré que pocas veces he visto casas tan espaciosas y grandes como las sicilianas (en particular, las de mi love).
El edificio constaba de dos pisos, en el de abajo vivían los abuelos, y en el de arriba los padres. En la terraza vivía Laerte. Todo quedaba en familia en ese edificio.
Esto tengo que contarlo. Para comer, en mi honor, la madre de V. hizo de comida un risotto de funghi e porcini para chuparte los dedos, con unas setas recogidas por el padre de un bosque cercano. Me enamoré de inmediato (a mi se me conquista por el estómago).
Luego, por la tarde, fuimos al mare, es decir, a la playa de Milazzo. Creo que fue aquí, aunque puede que fuese más arriba o más abajo. En la playa le hice a V. for Victim unos tatoos falsos hechos con edding bastante logrados que lució orgullosa el resto del finde.


Luego dimos un paseo hasta la punta del cabo, y vimos un bonito atardecer. Todo muy bucólico. Y por la noche no hicimos mucho, que al día siguiente teníamos que madrugar para visitar las islas eólicas. Pero eso mañana.
