Estas son las palabras (las del título, hombre) que creo que más he repetido en Sicilia. O quizás han sido ‘Molto buono‘ o ‘exquisito’. (perdón por la ortografía… me guío por la oreja)
Y es que si hay dos cosas que hay que saber de Sicilia es que las familias y las amistades son numerosas, y la hospitalidad desbordante, que combinado con la cocina maravillosa que tienen por allí, se junta en un par de kilitos más (así, a ojo) en mi (cada vez más) oronda barriga.
Pero vayamos por partes, que si me pongo a desbarrar no me centro y me dejo mil cosas en el tintero.
Soy un tipo con suerte, y después de un viernes de pereza total en el trabajo, me fui ‘presto’ al aeropuerto, donde, en las taquillas de facturación, me dan la posibilidad de coger un vuelo que salía una hora antes, y además volando en primera clase. Después de dudar unas dos millonésimas partes de segundo, dije que sí, y así me largué a Roma, amplio, comiendo bien en el avión, y con asiento de ventana, además!
En Roma tuve que esperar un montón de horas al avión de enlace, así que aproveché para leerme tres cuartas partes de ‘El origen perdido’ de Matilde Asensi. Sobre el libro os diré que me recordó bastante al ‘Código da Vinci’ solo que mejor escrito. Tiene el mismo esquema general de historia, con viaje para descubrir los secretos precolombinos incluido. Pero además los personajes tienen un poquito (sólo un poquito, eh?) de profundidad, y hay cierto estilo rezumando por los párrafos. Pero me temo que se sigue quedando corto. En definitiva, un libro que entretiene, carne de producción hollywoodiense, muy apropiado para leer en una playa donde lo que uno quiere es asarse todo menos el cerebro. No es un ‘must’, pero no os aburriréis demasiado leyéndolo.
El viaje a Catania fue breve, pero recuerdo con claridad el momento en el que se divisó la costa norte de Sicilia, una costa que tenía bien estudiada gracias al Google maps. (Hay que documentarse antes de salir de viaje) Recuerdo jugar un rato a que uno de aquellos puntitos era el coche del novio de la prima de V. de Viveza, que me venían a buscar al aeropuerto (Verídico).
Cuando llegué al aeropuerto me sorprendió lo pequeñito que era. Allí las cintas por las que salen las maletas estaban asignadas a compañías, no a vuelos, por lo que leí en los carteles, así que me aposté en el de Alitalia, esperando tranquilamente mi maleta e ignorando el aviso en italiano de que lo que indicaban los paneles electrónicos era válido excepto para mi vuelo. En efecto, estuve esperando mi maleta (que giraba una y otra vez por una cinta cercana) unos tres cuartos de hora. V. for Vandal se tuvo que saltar los sistemas de seguridad para colarse en la zona de recogida de maletas, encontrarme, besarme, preguntar a una ‘amable’ empleada del aeropuerto, e indicarme la cinta correcta para que pudiéramos salir de allí.
Salimos del aeropuerto (Ciao, sonno Dani. Ciao, sonno Maria. Ciao sonno Salvatore, piacere.) y pude comprobar una de las características más curiosas de los sicilianos. Son unos suicidas al volante. Tuve miedo. Por un momento pensé que Salvatore (el conductor) quería vengarse por haber besado a su chica nada más conocerla (allí, curiosamente, no se besan, sino que se dan la mano) Como era tarde, y mi queridísima Siciliana quería que me lo pasase de muerte cada segundo en su casa, nos fuimos alegremente (a unos 200km por hora) a Taormina, un precioso pueblo encaramado en lo alto de una montaña a pie del mar, donde trabajaba el hermano de V, que apodaré T de Tormenta.
Estuvimos paseando por allí un rato, esperando que T. terminase de trabajar. Pero tardó demasiado, y cuando nos vimos Salvo y su novia María tenían sueñecito, y aún quedaba un rato de carretera hasta llegar a casa. Así que tuvimos una breve conversación con el hermanísimo, y nos volvimos al coche. Menudo figura el hermanito. Una de las personas más cariñosas y con más ansia por conocerme de los que he conocido por allí. Muy viva la vida y muy guapete. CHICAS: Está soltero.
Esto se está alargando más de lo que pensaba, así que mañana os sigo con el relato, que tela marinera.